jueves, 30 de agosto de 2018

Vanguardia en una tarde de perros



Dicen que al mal tiempo buena cara. Conindustria parece entenderlo, y pese al estridente colapso de la Nación, ha celebrado recientemente su Congreso 2018 para preguntarse cómo se construye un país productivo. Acá la crónica –patada a patada- de esa tarde de calor demoniaco en Caracas. Ideas que hoy hacen la vanguardia del planeta, sonaron ese día en el Eurobuilding, pero en las calles de la envilecida capital tal vez había demasiado ruido para escucharlas.

Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve

Desde la sede de la empresa de encomiendas Aerocav, que está situada en la avenida Río de Janeiro, puede verse el cerro el Ávila de palmo a palmo. Son cerca de las 2:00 pm, y un sol impío muerde con violencia el vaho de las avenidas. Cenital. Un puñado de nubes pasajeras se otean en el amplio cielo caraqueño, y una manada de zamuros describe líneas inteligentes en el aire. A lo largo de la referida avenida -que es hermana gemela del río Guaire, y compañera de años del aeropuerto de La Carlota- revienta cada tanto el latigazo de una moto china a toda velocidad.
Rebasada la frontera de la radio estación Kys FM, que está justo al lado del Conservatorio Nacional de Música “Juan José Landaeta”, el verde de los árboles hace menos áspera a la capital, e incluso puede sentirse un poco de brisa fresca. Por ahí queda también la Embajada de Cuba. Y, un poco más allá, sobresale en el plano visual de la ciudad una mole blanca: el Hotel Eurobuilding. Es el martes 17 de julio de 2018. En el lustroso salón Plaza Real de dicho hotel está convocado el “Congreso Conindustria 2018”, que se titula así: “Cómo se construye un país productivo. Conceptos fundamentales”.
Entramos al hotel a pie, por uno de los flancos del estacionamiento; allí, en la avenida que ondea hasta el Boulevard de El Cafetal, un desvencijado auto viejo está aparcado. Dos malandros de aspecto sospechoso conversan no se sabe qué cosa. Es un indicio claro de que Caracas no es la misma. Venezuela tampoco. Una ristra convencional de coches estacionados en la panza del Eurobuilding, nos conducen hasta los pasillos del hotel. Allí uno siente que ha entrado en otro planeta. Todo está perfectamente en orden. Todo huele a limpio.
Hay una mesa para registro de los invitados, y un par de cámaras de TV nos dicen que ya la prensa ha dicho “presente”. En efecto, Juan Pablo Olalquiaga –presidente de Conindustria y un empresario de vieja data vinculado al sector de químicos- ha comenzado a hablar a la audiencia.

Antes que el destino nos alcance
“No hay que ser clarividentes para hacer una prognosis sobre la profundización del drama que nos ahoga y sus posibles desenlaces, más allá de que no podamos predecir los tiempos. Lo que no nos podemos permitir es no estar preparados para abordar, con formalidad y planificación, la construcción de ese país que ha de venir”, se oye la voz serena del empresario, modulada con sabiduría por un sistema de audio bien calibrado.
El presidente de la Confederación Venezolana de Industriales está ante más de 500 empresarios, políticos, representantes de la Academia, estudiantes, entre otros. El salón Plaza Real recibe el agasajo grácil de la parlamentaria Delsa Solórzano, quien pasa con majestad aérea hacia el fondo del salón, apretada en un riguroso taller. También puede verse a un par de reporteros de economía de vieja data, Corina Rodríguez Pons y Armando J. Pernía.
Un poco más allá, la ex candidata presidencial María Corina Machado se deja ver trajeada de un sobrio vestido color blanco perla. Decidimos abordarla:

-Juan Pablo Olalquiaga está hablando en estos momentos de “empresarialidad”. Pero, ¿no hace falta un cambio político para que eso se haga realidad?
-El éxodo masivo de venezolanos que vemos a través de nuestras fronteras es evidencia clara de un país que está en disolución, en sus tres dimensiones: territorio, población e instituciones. No será posible que haya un cambio económico, si no hay un cambio político. Esa transición es difícil y delicada. No estamos hablando de una dictadura común y corriente. Acá tenemos al crimen organizado en el poder.

Entretanto, Olalquiaga continúa su alocución: que la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI están en bancarrota y son muestra de un estrepitoso y evidente fracaso, no por la falta de reconocimiento internacional, sino por cómo han dejado al venezolano medio. “Hoy hay venezolanos comiendo de la basura y la expectativa de vida ha disminuido”, se decanta por echar mano de la evidencia fáctica más cruda.
El también ex presidente de Asoquim, remacha la inviabilidad de lo que hoy vivimos por la hiperinflación y la carencia de bienes elementales, unidos a la rabia social que se expresa con 30 o 40 protestas diarias, “la presión internacional que busca una transición política para ayudarnos a recuperar la democracia y el hastío mismo al cual estamos sometidos”, cosas que hacen pensar –asegura- que estamos “próximos a un cambio del modelo político autoritario con el que ya llevamos desde hace 19 años”.

Fukuyama en Caracas
“La confianza es la que nos permite desenvolvernos bajo un mismo paraguas que se llama el imperio de la ley o el estado de derecho”, expresa al poco tiempo de haberse referido a los precios de los commodities y las bondades de la nanotecnología. Confianza. Uno recuerda “Trust” de Francis Fukuyama. La confianza como moneda única de los negocios en la post modernidad.
Pero, ¿cómo confiar después de todo esto? ¿En quién? “La virtud de este debate es que todos seamos partícipes del consenso nacional que debe producirse en torno al país que queremos construir”, da un paso adelante, porque dicen que el miedo es libre. El mercado también.
En el programa figura el sociólogo Luis Pedro España, célebre por haber timoneado a lo largo de los años el “Proyecto Pobreza” de la UCAB, como relator general. El académico nos habla de tolerancia al riesgo, e incluso “apetito por el riesgo”, cuando  desemboca en los industriales que lo escuchan. Remarca que todos ellos serán necesarios “el día después”, o sea, en ese momento en el cual se materialice un cambio político que allí se da por descontado. “Un empresario que se ha mantenido en pie en los últimos 20 años de Venezuela ha demostrado que es un gran empresario”, expresa España, una maraña ensortijada de canas coronando su sesera.
Recuerda que hace 35 años se hablaba de “marginalidad” porque se entendía que los pobres estaban en el “margen”. La pujanza de las economías hacía pensar en el desarrollo social como un rezago, como una consecuencia. Siempre que la economía avanzara, avanzaría lo social. Luego, más hacia la última década, “se entendió que la marginalidad puede no ser una transición sino un estadio”. ¿Y qué quiere decir esto? “Que ya no es una consecuencia sino una causa, o sea, el impedimento de que una sociedad avance en lo económico, porque los pobres pasan a ser una especie de lastre. En Venezuela se ha generado ya una dualidad, es decir, una parte de la población vive muy bien y otra vive muy mal”.
Los ponentes que vendrán a lo largo de la tarde: el abogado Juan Manuel Rafalli, la economista Sary Levy, el escritor Rafael Arráiz Luca, Gerardo Fernández (presidente del Parque Tecnológico Sartenejas USB), el constitucionalista José Vicente Haro, y el economista de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann, quien se conectará de modo remoto.

Miseria chic
Sary Levy también conversa unos instantes con este modesto reportero: nos adelanta que hablará sobre el sistema económico necesario, que está fundado en tres pilares. Estabilidad, para convertir el ahorro en inversión; inclusión, ya que se debe ensanchar la base si se quiere sostenibilidad; innovación, dado que la tecnología es la que eventualmente podría habilitar “un salto cuántico”, o sea, cabalgar los 100 años de atraso que ya el chavismo sembró en Venezuela.
El tiempo nos aprieta el cuello, y siempre se lamenta tener que abandonar un evento tan bien producido. Una mesa con ricos pasteles reverbera bajo los reflectores en espera del Coffee break. En todo caso, sabemos que cierra Hausmann. Y se le ha leído en fecha reciente: tendremos motivos para celebrar si en 2030 hemos logrado volver la economía al estatus que tenía en 2013. Tomará –dice Hausmann- cantidades ingentes de dinero, donaciones millonarias en dólares y el concurso del FMI, por la medida baja.
Pero, ¿será posible ese cambio político al que se refiere María Corina Machado como difícil y delicado? ¿El crimen organizado en Miraflores? Su palabra vaya adelante. Su boca sea la medida. También lo ha dicho el magistrado del TSJ en el exilio, Alejandro Rebolledo.
Salimos por la entrada principal del Hotel Eurobuilding, y caminamos hacia la parada contigua a una bomba de gasolina custodiados por un astroso perro callejero. Allí afuera todo es contaminación sónica. Basura. Zamuros sobrevolando el Guaire. Zigzag maligno de motos chinas. El cambio urge. Pero no luce nada próximo. Amanecerá y veremos. Llueve y escampa. Ciao.