Dicen que al mal tiempo buena cara. Conindustria parece entenderlo, y
pese al estridente colapso de la Nación, ha celebrado recientemente su Congreso
2018 para preguntarse cómo se construye un país productivo. Acá la crónica –patada
a patada- de esa tarde de calor demoniaco en Caracas. Ideas que hoy hacen la
vanguardia del planeta, sonaron ese día en el Eurobuilding, pero en las calles
de la envilecida capital tal vez había demasiado ruido para escucharlas.
Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve
Desde la sede de la empresa de
encomiendas Aerocav, que está situada en la avenida Río de Janeiro, puede verse
el cerro el Ávila de palmo a palmo. Son cerca de las 2:00 pm, y un sol impío
muerde con violencia el vaho de las avenidas. Cenital. Un
puñado de nubes pasajeras se otean en el amplio cielo caraqueño, y una manada
de zamuros describe líneas inteligentes en el aire. A lo largo de la referida
avenida -que es hermana gemela del río Guaire, y compañera de años del
aeropuerto de La Carlota- revienta cada tanto el latigazo de una moto china a
toda velocidad.
Rebasada la frontera de la radio
estación Kys FM, que está justo al lado del Conservatorio Nacional de Música
“Juan José Landaeta”, el verde de los árboles hace menos áspera a la capital, e
incluso puede sentirse un poco de brisa fresca. Por ahí queda también la
Embajada de Cuba. Y, un poco más allá, sobresale en el plano visual de la
ciudad una mole blanca: el Hotel Eurobuilding. Es el martes 17 de julio de
2018. En el lustroso salón Plaza Real de dicho hotel está convocado el
“Congreso Conindustria 2018”, que se titula así: “Cómo se construye un país
productivo. Conceptos fundamentales”.
Entramos al hotel a pie, por uno
de los flancos del estacionamiento; allí, en la avenida que ondea hasta el
Boulevard de El Cafetal, un desvencijado auto viejo está aparcado. Dos
malandros de aspecto sospechoso conversan no se sabe qué cosa. Es un indicio
claro de que Caracas no es la misma. Venezuela tampoco. Una ristra convencional
de coches estacionados en la panza del Eurobuilding, nos conducen hasta los
pasillos del hotel. Allí uno siente que ha entrado en otro planeta. Todo está
perfectamente en orden. Todo huele a limpio.
Hay una mesa para registro de los
invitados, y un par de cámaras de TV nos dicen que ya la prensa ha dicho
“presente”. En efecto, Juan Pablo Olalquiaga –presidente de Conindustria y un
empresario de vieja data vinculado al sector de químicos- ha comenzado a hablar
a la audiencia.
Antes que el destino nos alcance
“No hay que ser clarividentes
para hacer una prognosis sobre la profundización del drama que nos ahoga y sus
posibles desenlaces, más allá de que no podamos predecir los tiempos. Lo que no
nos podemos permitir es no estar preparados para abordar, con formalidad y
planificación, la construcción de ese país que ha de venir”, se oye la voz serena
del empresario, modulada con sabiduría por un sistema de audio bien calibrado.
El presidente de la Confederación
Venezolana de Industriales está ante más de 500 empresarios, políticos,
representantes de la Academia, estudiantes, entre otros. El salón Plaza Real
recibe el agasajo grácil de la parlamentaria Delsa Solórzano, quien pasa con
majestad aérea hacia el fondo del salón, apretada en un riguroso taller.
También puede verse a un par de reporteros de economía de vieja data, Corina
Rodríguez Pons y Armando J. Pernía.
Un poco más allá, la ex candidata
presidencial María Corina Machado se deja ver trajeada de un sobrio vestido
color blanco perla. Decidimos abordarla:
-Juan Pablo Olalquiaga está
hablando en estos momentos de “empresarialidad”. Pero, ¿no hace falta un cambio
político para que eso se haga realidad?
-El éxodo masivo de venezolanos
que vemos a través de nuestras fronteras es evidencia clara de un país que está
en disolución, en sus tres dimensiones: territorio, población e instituciones.
No será posible que haya un cambio económico, si no hay un cambio político. Esa
transición es difícil y delicada. No estamos hablando de una dictadura común y
corriente. Acá tenemos al crimen organizado en el poder.
Entretanto, Olalquiaga continúa
su alocución: que la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI están
en bancarrota y son muestra de un estrepitoso y evidente fracaso, no por la
falta de reconocimiento internacional, sino por cómo han dejado al venezolano
medio. “Hoy hay venezolanos comiendo de la basura y la expectativa de vida ha
disminuido”, se decanta por echar mano de la evidencia fáctica más cruda.
El también ex presidente de
Asoquim, remacha la inviabilidad de lo que hoy vivimos por la hiperinflación y
la carencia de bienes elementales, unidos a la rabia social que se expresa con
30 o 40 protestas diarias, “la presión internacional que busca una transición
política para ayudarnos a recuperar la democracia y el hastío mismo al cual
estamos sometidos”, cosas que hacen pensar –asegura- que estamos “próximos a un
cambio del modelo político autoritario con el que ya llevamos desde hace 19
años”.
Fukuyama en Caracas
“La confianza es la que nos
permite desenvolvernos bajo un mismo paraguas que se llama el imperio de la ley
o el estado de derecho”, expresa al poco tiempo de haberse referido a los
precios de los commodities y las bondades de la nanotecnología. Confianza. Uno
recuerda “Trust” de Francis Fukuyama. La confianza como moneda única de los
negocios en la post modernidad.
Pero, ¿cómo confiar después de
todo esto? ¿En quién? “La virtud de este debate es que todos seamos partícipes
del consenso nacional que debe producirse en torno al país que queremos
construir”, da un paso adelante, porque dicen que el miedo es libre. El mercado
también.
En el programa figura el
sociólogo Luis Pedro España, célebre por haber timoneado a lo largo de los años
el “Proyecto Pobreza” de la UCAB, como relator general. El académico nos habla
de tolerancia al riesgo, e incluso “apetito por el riesgo”, cuando desemboca en los industriales que lo
escuchan. Remarca que todos ellos serán necesarios “el día después”, o sea, en
ese momento en el cual se materialice un cambio político que allí se da por
descontado. “Un empresario que se ha mantenido en pie en los últimos 20 años de
Venezuela ha demostrado que es un gran empresario”, expresa España, una maraña
ensortijada de canas coronando su sesera.
Recuerda que hace 35 años se
hablaba de “marginalidad” porque se entendía que los pobres estaban en el
“margen”. La pujanza de las economías hacía pensar en el desarrollo social como
un rezago, como una consecuencia. Siempre que la economía avanzara, avanzaría
lo social. Luego, más hacia la última década, “se entendió que la marginalidad
puede no ser una transición sino un estadio”. ¿Y qué quiere decir esto? “Que ya
no es una consecuencia sino una causa, o sea, el impedimento de que una
sociedad avance en lo económico, porque los pobres pasan a ser una especie de
lastre. En Venezuela se ha generado ya una dualidad, es decir, una parte de la
población vive muy bien y otra vive muy mal”.
Los ponentes que vendrán a lo
largo de la tarde: el abogado Juan Manuel Rafalli, la economista Sary Levy, el
escritor Rafael Arráiz Luca, Gerardo Fernández (presidente del Parque
Tecnológico Sartenejas USB), el constitucionalista José Vicente Haro, y el economista
de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann, quien se conectará de modo
remoto.
Miseria chic
Sary Levy también conversa unos
instantes con este modesto reportero: nos adelanta que hablará sobre el sistema
económico necesario, que está fundado en tres pilares. Estabilidad, para
convertir el ahorro en inversión; inclusión, ya que se debe ensanchar la base
si se quiere sostenibilidad; innovación, dado que la tecnología es la que
eventualmente podría habilitar “un salto cuántico”, o sea, cabalgar los 100 años
de atraso que ya el chavismo sembró en Venezuela.
El tiempo nos aprieta el cuello,
y siempre se lamenta tener que abandonar un evento tan bien producido. Una mesa
con ricos pasteles reverbera bajo los reflectores en espera del Coffee break.
En todo caso, sabemos que cierra Hausmann. Y se le ha leído en fecha reciente:
tendremos motivos para celebrar si en 2030 hemos logrado volver la economía al
estatus que tenía en 2013. Tomará –dice Hausmann- cantidades ingentes de
dinero, donaciones millonarias en dólares y el concurso del FMI, por la medida
baja.
Pero, ¿será posible ese cambio
político al que se refiere María Corina Machado como difícil y delicado? ¿El
crimen organizado en Miraflores? Su palabra vaya adelante. Su boca sea la
medida. También lo ha dicho el magistrado del TSJ en el exilio, Alejandro
Rebolledo.
Salimos por la entrada principal
del Hotel Eurobuilding, y caminamos hacia la parada contigua a una bomba de
gasolina custodiados por un astroso perro callejero. Allí afuera todo es
contaminación sónica. Basura. Zamuros sobrevolando el Guaire. Zigzag maligno de
motos chinas. El cambio urge. Pero no luce nada próximo. Amanecerá y veremos.
Llueve y escampa. Ciao.
