Considerado un genio del arte óptico y cinético, este emblema de la
plástica venezolana tiene 93 años, y está activo como el primer día. Con varias
importantes exposiciones suyas desperdigadas por el mundo, dice que la gente
hoy busca el “placer y el regocijo” que sólo puede dar el arte.
Por Alejandro Ramírez Morón
Artista franco-venezolano de
dimensiones planetarias, Carlos Cruz-Diez nace en Caracas, en el año 1923. Está
radicado desde 1960 en París (Francia). Es uno de los emblemas más visibles del
arte óptico y cinético, corriente artística que reivindica “la toma de
conciencia de la inestabilidad de lo real”. Las investigaciones de Cruz-Diez
dejan claro que se trata de uno de los más influyentes pensadores del color del
siglo XX.
“El discurso plástico de Carlos
Cruz-Diez gravita alrededor del fenómeno cromático concebido como una realidad
autónoma que evoluciona en el espacio y en el tiempo, sin ayuda de la forma ni
del soporte, en un presente continuo”, se lee en su web site
(www.cruz-diez.com).
Las obras de este genio de la
plástica se encuentran en prestigiosas colecciones permanentes como las del
Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, Tate Modern (Londres), Musée
d’Art Moderne de la Ville de Paris, Centre Pompidou (París), Museum of Fine
Arts (Houston) y Wallraf-Richartz Museum (Colonia).
Todos vuelven
“Los médicos me tienen anclado en
Panamá. Estoy acá por razones de salud. Ciudad de Panamá me recuerda a la
Caracas de los años 50’s. Acá hay modernización y un crecimiento económico
sostenido. No voy a Venezuela desde hace 10 años. El clima no me favorece”,
pinta clara la cosa, el maestro Cruz-Diez.
“Hoy en día se ha popularizado mi obra en el
Aeropuerto Internacional de Maiquetía, (Cromointerferencia de color aditivo).
Pero eso tiene dos lecturas. Una mala, y es el doloroso éxodo de venezolanos. Y
una buena, y es que por Maiquetía también van a regresar los venezolanos que se
fueron. Cuando la gente vuelva se tendrá que tomar la foto de nuevo. Esa obra
está hecha de un material indestructible”, desliza en torno al piso del
terminal de salida de Maiquetía, que se ha hecho particularmente viral en redes
sociales, a la luz de la feroz diáspora generada por la crisis local.
“En mis inicios fui fotógrafo, y
era parte de mi trabajo plástico”, declara este icónico venezolano. En
entrevista concedida a Edgar Cherubini Lecuna, para el tomo “Cruz-Diez en
blanco y negro / Fotografías 1942-1986”, editado por Cruz-Diez Fundation y
Fundación BBVA Provincial, que recoge una asombrosa muestra de sus trabajos
iniciales como fotógrafo, el maestro dice que “desde muy niño me fascinó la
posibilidad de multiplicar la imagen. Dedicaba horas a crear figuras usando los
sellos de caucho destinados a la contabilidad del negocio de mi padre,
estampándolos repetidamente sobre papel”, se lee en el libro, editado en 2013.
¿Una decisión importante en la
vida de Cruz-Diez? A los 17 años le dijo a su padre que no quería ser
bachiller, sino artista, por lo cual lo inscriben en la Escuela de Artes
Plásticas. Luego, descubrir que en el mundo cromático había un campo de trabajo
infinito e inexplorado, fue algo que cambió su vida, y –claro- determinó toda
su obra posterior.
“Desde la infancia dibujé con
creyones. Lo único que quería era dibujar y pintar. No había un interés por el
dinero, lo único que me interesaba era pintar. El que busca el dinero no lo
encuentra. Si uno hace algo bien, entonces el dinero llega solo”, se le oye
soltar una risotada liviana, del otro lado de la bocina.
Las coordenadas de la Historia
El maestro Cruz-Diez tiene 93
años, pero habla con la soltura de un adolescente, y cada tanto sazona su
declaración con alguna broma divertida o algún comentario jocoso. “Yo me
interno en el arte óptico y cinético porque la pintura se había agotado. Había
que buscar nuevas opciones. Cuando llego a París, había otros artistas en la
misma búsqueda. Yo quería exponer mi trabajo en un lugar por donde pasaran las
coordenadas de la Historia. Inmediatamente me comencé a proyectar en el mundo.
No pensé en New York City (NYC), porque en ese momento no había mucho allí
todavía”, explica Cruz-Diez.
Tiene casi 60 años radicado en
París (Francia), y toda su obra se ha proyectado desde allá. Radicarse en París
–garantiza- influyó mucho en el hecho de que sea hoy el artista plástico
venezolano mejor cotizado del mundo. “El arte ha tenido en las últimas décadas
un cambio. El coleccionismo antes era cosa de élites. Eso ya no es así. La
clase media se ha sumado. Actualmente, alrededor de 400 millones de personas en
el mundo coleccionan arte”, revela un dato increíble.
Y va a la médula de su pasión: “El
arte es placer y estamos en una sociedad que busca el placer y el regocijo.
Nunca antes se había leído tanto en el mundo. Nunca hubo tanta música como
ahora. La comunicación inmediata, producto de las nuevas tecnologías, ha
influido en esto. El arte ya no es para las élites”, se toca el corazón.
“Actualmente, estoy pasando una
temporada en Panamá, esperando la inauguración de una gran exposición en los
Estados Unidos, y haciendo obras de gran formato en varias partes del mundo”,
da cuenta de una vida enteramente activa, este joven de 93 años.
Entretanto, algunas de las
exposiciones que tiene ahora mismo son estas: Un musée imaginé. Trois
collections européennes (Pompidou / Francia); In the studio (Tate Modern / UK);
Split, Spiegel, Licht, Reflection (Alemania), Lightopia (MARCO / México) y Un
être flottant: Carlos Cruz-Diez (Gallerie Mitterrand / Paris).
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Esta entrevista se publicó originalmente en la Edición 2do Aniversario / 2017
Revista CÓNDOR (Aserca/SBA)
Revista CÓNDOR (Aserca/SBA)

