Por Alejandro Ramírez Morón
Rut contó un portentoso fajo de dólares, dio un sorbo corto a un vaso de ron, y se acomodó la lingerie a la altura de su entrepierna. Un gato negro y elástico –como un gimnasta etiope- iba de acá para allá, ronroneando, presumiendo, y así. Sobre el escritorio negro azabache, un ejemplar de “Deudas y Dolores”, esa novelota ejemplar del norteamericano Philip Roth. Se sirvió un par de líneas, inhaló, y miró por el vasto ventanal con vista al Avila.
Estaba semidesnuda en aquel depto ejecutivo para solteros. Había gastado toda la mañana resolviendo asuntos de facturas e impuestos, que no paraban de afectar su revenue, que no hacían sino restarle market share, al final de cada jornada. Pero rebasada la soporífera hora el lunch, echó a andar un disco de Cerati, y comenzó a deshojar la margarita de sus planes de negocios: me quiere, no me quiere, me gana, no me gana, me arruina, no me arruina.
Encendió un rubio ligero, tabaco barato que compraba en Petare, para reducir costos, para optimizar la ganancia. Había almorzado un trozo de pizza fría, despachando a tragos golosos una Coca Cola Zero. El iPhone 7 reposaba como un demonio frío sobre la cama mullida, forrada con un edredón de Star Wars. Y de repente repicó el móvil, en un destello minimalista de luz alógena. ¿Es un imperio esa luz que se apaga? ¿O una luciérnaga?
“Aló? Sí? Ah! Claro… soy yo… en qué puedo servirle? No… estaré en Bogotá para las navidades… No… gracias… no podré tocar el órgano en la Misa de Gallo”, click. Había estudiado varios años de piano, y sentía un apego religioso por la música sacra. Sobre su cama, una reproducción del Cristo de Dalí. Desperdigados por todo el recinto, rosarios de todos los materiales, colores y olores. En el aire un vaho eucarístico a incienso de canela.
Se caló unos jeans ajustados color negro, una franela verde de algodón con cuello en V, y un par de cómodos mocasines rojos. Se echó a la calle. Encendió otro rubio y voló la mente en una bocanada. La avenida Libertador se abría ante ella como una herida dolorosa.
FIN




