sábado, 22 de abril de 2023

Javi


 

La madrugada era negra, como una inmensa mantarraya bailando en fondo de un océano viscoso. Todos aquellos años habían pasado en vano. Un amor platónico que lo llevó al alcoholismo, ahora se desvanecía entre sus dedos como el humo de un cigarrillo caótico. Nada. El tiempo se lo había llevado todo. La niña ya no era parte de su repertorio de anécdotas, se le antojaba una extraña, una maldición, un anatema.

La cocaína y la impudicia. Dos vicios con el corazón negro. Anciano. Se sentía anciano. Sin horizonte, más que la muerte. Palabras. Le sobraban las palabras. Javi era un escritor del under. Nunca había publicado un libro, pero sus textos habían sido recorridos por muchas pupilas atónitas. ¿Cómo se podía ser tan inmoral?

Pero ahora el tiempo se lo había llevado todo. Su brillo de reportero estrella de las revistas de mayor recalada en Caracas, de a poco, había sido cubierto por la muerte. Por la mantilla fúnebre de la muerte. Había terminado a las putadas con casi todos sus editores. Y se apagó. La gran promesa que había sido a los 18 años ahora era Satán y daga. Cocuy de penca, con cigarrillos de contrabando, y la melancolía de Radiohead dejándolo ciego, como a Borges.

Javi Roth. Sexual. Sensual. Frontal. El enemigo de las multinacionales, de los burós de comunicaciones. El amable traidor. El devoto de Charly García. Javi Roth se había despertado en medio de aquella madrugada buscando algo que ver en el Smartphone. Y sólo encontró gente feliz y exitosa en las redes. ¿Acaso no había alguien por ahí no tan feliz?

Después de Los Beatles, Radiohead era su banda de rock favorita. Shuffle. Un playlist de Radiohead, café negro sin azúcar y tabaco de a 1 dólar la cajetilla. Se sentó a escribir. Con casi 50 años a cuestas, sabía ya que el tiempo es una lápida. Que todo lo borra. Que destruye hasta la más amarga pesadilla. Se supo un tipo con suerte, sin embargo.

Se le daban las mujeres. Javi había pasado de ser un flaco fibroso y aceitado, a pesar 100 kilos. Se había dejado un mostacho que no permitía distinguir si se estaba frente a un notario, o frente a algún Freddy Mercury petareño; se había enrollado el alma en el ombligo, se había tragado el corazón, y nunca más se le vio en los cocteles, en las fiestas, en los bares. Se encerró con tranca dentro de sí mismo, y botó la llave.

Sin embargo, esa madrugada de mediados de abril de 2023, entendió que se podía ser un tipo con suerte, y a la vez un absoluto desconocido.

Brillaba en la oscuridad. Apagaba la luz de la alcoba y fluorescía, mientras el humo de sus cigarrillos describían en el aire, lentos espirales azul turquesa. Palabras. Le sobraban las palabras. Y por eso puso Radiohead y se sentó a escribir: sería un escritor de buhardilla de ser preciso. Pero jamás transaría con el mundo rosa de mariquitas exitosas, que salían retratadas en el Facebook con los más añejos y cabronazos de los historiadores.

Escuchó “How to disapear completely”. Voló. Atravesó las paredes mustias del viejo depto de mamá. Vió las luces estraboscópicas, y los parlantes destrozados. Los fuegos de artificio y los huracanes en su vientre. Al menos estaba vivo, y, sí, era un tipo con suerte.

FIN



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