Por Alejandro Ramírez Morón
Caracas era su hembra feroz. Salía a caminar, el sol impío quemándole la piel, una víbora deluxe alojada en el corazón. Cabilla. Cemento y cabilla. Olores pringosos se adherían a sus dedos, y despachaba con furia animal incontables cigarrillos. High tech. Era un santo high tech. Un pitoniso. Un malandro chic. Un santo malandro. Un malandro santo. Lengua, dedo y jabón azul. La noche atenazaba su mente filosa, como una daga, como un puñal.
Acicateaba sus neuronas con trocitos celestes –estridencias chic- de textos. Liscano, Cabrujas, la Biblia, Baudelaire. El día era bestial, la noche negra y espectral. Cazaba a una niña maluquita. Chiquita, tetona y bien riquita. Rosario, misa y penitencia. Política en la sangre, cruel poeta. Su módem conectaba con la Luna. La Luna conectaba con su cuna. La página en blanco. El área de diseño. Su ring de box más entrañable. Cruzaba desiertos devastadores para afinar la pluma.
Cristo rock. La piedra que era Cristo. Su pana, su bro, su causa. Cristo era su flaco. “Loco lindo, que te comes las veredas”. No tenía que ir a tener al Vaticano. No era cosa de irse a la Sixtina. Su capilla era allí mismito, allí en la esquina. Su mamita era María, su maestra. Y la calle era su escuela, su vil apuesta. Chill out. José Gregorio. WhatsApp. Reportero de libreta; y metralleta. “Para tirar lo que hacen falta son las ganas”, le había disparado a quemarropa alguna vez su viejo.
Catia. El mercado de Catia. Carmen. La abuela. La casa de la abuela. Todos tuvimos una casa de la abuela. Cuando te mueres, si vas al cielo, entras a través de la casa de tu abuela. Perro bravo. Gato loco. Congorochos. Alacranes. Neblina. Rosal fragante. Otra vez Cristo. Otra vez Cristo. Otra vez Cristo. Guarapo. Delicada de guayaba. Su madre un genio; de la vida. Dama de hierro. Madrina. Ovarios de hierro, parieron cojones de hierro.
Bogotá, Sao Paolo, Cartagena. Javeriano. Nobody was really sure if he was from the House of Lords. El cielo del poder. El poder del cielo. This is da Pope. Piano Rhodes. Richenbacker. Voz de daga. Un bolero rock como una UZI envenenada. Que Cristo está a la derecha del Padre. Que Cristo intercede ante el Padre. Que el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Que sin el flaco, nada de lo que fue creado, fue creado.
Que, si te fijas bien, todo desaparecerá. Nada del mundo real. The real thing, dice la politología norteamericana. Nothing is real, but U. Que la humildad antecede a la gloria. Que nunca se debe dejar de callar, si no se tiene algo que decir más valioso que el silencio. Que un hombre es dueño de lo que calla, y esclavo de lo que dice. Que Marceau callaba, y no paraba de gritar. Pan pan. Los que matan. Pan pan. Ciao.
FIN

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