miércoles, 14 de septiembre de 2016

BLACK HOLINESS





Por Alejandro Ramírez Morón

Ciego. Negro como el hondo abismo de la mirada de un ciego. Era un santo, sí, pero era un santo negro. Black saint. Black holiness. Un bohemio franciscano, a ratos se dejaba llevar del viento. En el centro de su corazón, una maraña de alacranes violentos y perfumados. Cara cortada. Hierro. Cojones de hierro. Greñas negro azabache. Caballo malo. Satán. Un puñal con cacha de nácar le servía para cortar el aire, de una Caracas en ruinas. Mad Max.

Mandingo. Pinga negra y portentosa. Vello y táctica. Mano de hierro, guante de seda. El padrino. Si su rosario era perfecto, su ferocidad era letal. Pero sabía bien que la humildad antecede a la gloria. Atesoraba un puñado de devociones piadosas. Mi Biblia abierta, y fresca, como el pan y el vino. La hembra, el hombre, el hambre. Puta deluxe. “El negro es el color de la elegancia, del piano, del dominó”, le deslizó un viejo sabio. Wise.

“Pirámide de sombra de la noche”, había escrito Sor Juana Inés de la Cruz. Una santa negra, al fin. Rushdie. Los versos satánicos. Baudelaire: Les fleurs du mal. Fukuyama. Gucci & Mercedes Benz. Un mundo para Julius. De chico salía por las calles, con una Mamiya Sekor 1000 DTL, y hacía fotos en blanco y negro, de los cementerios y de las calles. El santo negro eleva las neuronas hasta el cénit de la Trinidad Santa.

Gestalt. Figura y fondo. Cruz-Diez. La cámara fotográfica de Cruz-Diez. Aquel rosario negro de coral, comprado por 50 pesos en una playa de Cartagena. Negras eran sus pupilas aceradas, inescrutables como el petróleo virgen. Negro era su cabello, hilo fino. Black magic woman. Misa negra. No. Jamás una misa negra. Porque la palidez eucarística era lo que engendraba al santo negro. Sin sombra no hay luz. Dark side of the moon.

Negro es el abismo que pintó Dalí tras su versión del Cristo crucificado. Negro es el Cristo de los gitanos. Negra es la sotana de los confesores. Píntame angelitos negros. Black holiness. Holiness is not about naivety. Como una malagueña maldita, como un malandro chic. Puta cara fantasy. La sucursal del cielo. ¿O la capital del infierno? Caracas maldita. Maldita Caracas. Caracas para locos, hubiera dicho Vytas Brenner.

Color de hormiga, se le pone la cosa al santo negro, cuando desafía a Dios, cuando cree que no habrá más dolor. ¡Bendito sea el dolor! Dijo monseñor Escrivá de Balaguer. Negro es el aguijón del escorpión. El de la avispa. Negra es la sangre del muerto. Negra es la pesadilla de los que sembramos vientos. De negro viste la Virgen del Socorro, patrona de Valencia.

Que mientras no estemos en la luz sin sombra de la Nueva Jerusalén, tendremos que decir: “Sin sombra no hay luz”. Que no hay dos sin tres, que no hay anverso sin reverso. Que no hay blanco sin negro. Que nunca falta un negro que sea buen blanco. Un blanco fácil.

FIN

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